La Ley de Amara dice que cada que hay una tecnología nueva, tendemos a sobreestimar su impacto en el corto plazo y subestimarlo en el largo. Vi de primera mano cuando esto pasó en crypto: esto se ve como ideas revolucionarias cuyos primitivos no existen aún, que va a toda velocidad, tratando de resolverlo on-the-fly; y, visto en retrospectiva, son las ideas que estaban adelantadas a su tiempo.
Esto no es negativo; es normal en el sentido en que, cada que surgen nuevos primitivos tecnológicos, nos toca repensar el status quo como sociedad y decidir si estamos dispuestos a actualizarlo, o si más bien deseamos preservarlo.
Este fue el caso con las DAOs, las Pruebas de Humanidad y, ciertamente, también con los Contratos Inteligentes. Quizás estas últimas son la mejor muestra: tecnología revolucionaria que funciona bien, pero, a nivel humano, es difícil de entender, así como lo fue la “nube” en su momento y hoy quizás la “IA”. Los amantes de la tecnología como yo los entendemos y los usamos por el simple hecho de la curiosidad que nos causa. Pero no todos somos early adopters. Están los clientes institucionales, los gobiernos, los reguladores; todos ellos con preguntas válidas que rara vez tienen respuestas obvias. Ese vaivén entre el orden de cosas y el progreso es lo que marca el impacto real de las tecnologías.
Las mismas tecnologías a veces enfrentan límites; por ejemplo, el shortage de GPU que existe desde los tiempos de crypto, y ahora se repite en los tiempos de IA. El hype va y viene, pero la tecnología sigue avanzando. A medida que se resuelven los retos tecnológicos y también los sociales (regulación, comprensión de la tecnología, track record), se incorpora al nuevo mundo.
En este sentido, para los que siempre estamos construyendo, todo tiene sentido: para que haya agentic b2c commerce, se necesita infra que no falle: pagos digitales rápidos, seguros y programables; Modelos de Lenguaje resilientes con uptimecomparable al de las otras tecnologías mainstream y ventanas de contexto más grandes; interfaces de usuario seguras, basadas en el pleno consentimiento y el intent; etc. Esos no son problemas tecnológicos triviales, ni la esfera social ha llegado a un consenso; por esta razón, no puede ser inmediato.
Esto no es un post desalentador; yo creo que es, en su caso, todo lo contrario. He visto que se está construyendo ahora mismo, en un tiempo increíble. Cada mes hay un hackatón alrededor del mundo donde alguien está llevando un LLM a su límite, buscando puntos de falla y escribiendo soluciones alrededor de ello.
Mitchell Hashimoto, el creador de, entre otras cosas, Terraform, habla de que hay más contenedores que se han desplegado en los últimos meses que en el resto de la historia, pues los Claude Code y los v0 del mundo los necesitan. Yo mismo me he encontrado que es muy difícil diseñar este tipo de sistemas sin orquestación de contenedores.
En fin, creo que el camino al nuevo internet no será fácil, pero tampoco va a detenerse. Es un gran momento para ser builder, pero hay que mantener la mente abierta y cuidarnos mucho del marketing y la propaganda que prometen la panacea para mañana mismo. El desarrollo de software nunca había sido tan fácil y difícil a la vez: fácil, porque las trivialidades están resueltas y puedes empezar a construir hoy mismo; y difícil, porque los frameworks no están resueltos aún y, si quieres llevar estas tecnologías al límite, tu o tus colaboradores van a llegar al límite de la infraestructura, que es donde hoy toca construir.